14 de noviembre de 2013

Te espero en aquel punto de allí y... patapam

En el post anterior hice una pequeña reflexión sobre la importancia que tiene el aprender cada día, superarse y mantenerse motivado para seguir aprendiendo más.

Este Noviembre se me está presentando esencialmente, como un mes para, entre otras cosas, reflexionar. Y, por ello quiero compartir otro pensamiento propio sobre el proceso de aprendizaje y superación de uno mismo. En concreto os hablaré sobre el miedo y el hecho de equivocarnos que, a mi parecer, es esencial a la hora de mejorar profesional y personalmente. Para lo cual os contaré una anécdota que me sucedió el año pasado y que en aquel momento no me podía imaginar que se iba a convertir en una gran lección.



Todo empezó cuando decidimos ir a esquiar. Era el segundo año seguido que lo planteábamos y, a diferencia del primero, no pude encontrar una excusa lo suficientemente válida para escaquearme. En realidad no quería ir porque me aterrorizaba la idea de caer al esquiar, hacerme daño, pasar frío y alguna que otra tontería más que ahora mismo no recuerdo. Aquellas sensaciones de cuando era pequeña e iba de viaje a la nieve, me ponía los esquís y disfrutaba al máximo deslizándome por las pistas, habían desaparecido. Cuando era pequeña y no tenía miedo, caía sí, pero me divertía, me reía de mi misma y me lo pasaba genial.



Sin embargo, ahora, ya no tan niña, esos sentimientos habían cambiado. Relacionaba ir a esquiar con posibles caídas fuertes, dolor y frío. También con vergüenza por no saber esquiar lo suficientemente bien ni tener la técnica que tenían mis amigos. En resumidas cuentas, tenía miedo a equivocarme y fracasar.

Cuando el año pasado conseguí ponerme de nuevo los esquís fue gracias a que alguien que ama y domina el esquí, creyó en mi y me ofreció la oportunidad de aprender con él. En ese momento me di cuenta que era una oportunidad que tal vez, no se me volvería a presentar nunca jamás. Tal vez mis miedos crecerían tanto que me impidieran darle otra oportunidad al esquí. Así que, me armé de valor y me decidí. Puse todo mi empeño en que los esfuerzos de esta persona, a la que aprecio muchísimo, por enseñarme no fueran en vano.

Al principio, con paciencia aprendí lo básico, unas técnicas sencillas que permitieron que poco después empezara a descender pistas más largas y ligeramente más complicadas. Sin casi darme cuenta, ya era yo la que le pedía que volviéramos a subir al telesilla para volver a tirarnos por las pistas. Veía progresos y me divertía, mucho. Recuerdo que estaba totalmente emocionada porque aún no había caído ni una sola vez

En la siguiente bajada, Miguel me dijo: "Te espero en aquel punto de allí. Hasta ahora". Recuerdo que tenía tanta emoción que casi ni le deje terminar la frase y me lancé. Pocos segundos más tarde me estrellé contra el suelo y llegué al punto donde habíamos quedado sí, pero a modo "croqueta de nieve". Miguel no tardó nada en venir y mientras me levantaba me dijo: "Lo has hecho perfecto, tenías que caer. Sin caídas no se aprende".

Comprendí lo que había sucedido: había caído y no pasaba nada. Estaba bien. Entendí que el equivocarse tiene su papel fundamental en el proceso de aprendizaje: tropezar te hace volver a la realidad y aprender de elloEn ese momento me sentí más orgullosa de mi misma que nunca. Me di cuenta de lo que había hecho mal y me sirvió para mejorar y no volver a caer durante las siguientes bajadas. Cada vez me acordaba de porqué había caído y trataba de no repetirlo más.

Mi experiencia con el esquí me ha servido, además de para no comer más nieve, para aprender lecciones y sabiduría de los errores que cometamos en el trabajo y en la vida diaria. De nada vale pensar que no servimos o que no somos lo suficientemente buenos para este trabajo. Somos humanos y nos equivocamos. Pero a la vez somos humanos y aprendemos de los errores. Y eso es lo que vale. 

Además del esfuerzo y la motivación por trabajar, equivocándonos se completa el proceso de aprendizaje. Con esta frase finalizo mi reflexión de hoy.


Quiero agradecer desde aquí una vez más la gran lección que me enseñó aquella vez Miguel, una persona de la que he aprendido mucho y sé que lo seguiré haciendo durante mucho más tiempo.

Espero que os haya gustado mi post. ;)